CAPITULO XXIII
LA PUDICIA GNOSTICA
¿Qué es lo que el Maestro Samael describe como la
“Pudicia Gnóstica”? La PUDICIA GNOSTICA
es el “Arte de ser honestos y decentes consigo mismo y con los demás”.
Ay.... Ay... Ay....!
Esto si que está difícil! La
mayoría de nosotros, empezando por uno mismo, ¿seremos respetuosos consigo
mismo? La realidad es que no lo somos!
Diariamente nosotros mismos nos encargamos de
lacerarnos a sí mismos! Diariamente nos
encargamos de afectar a nuestros semejantes!
Es una falta de respeto terrible la que existe, irrespeto... Criticamos
a todo el mundo, hasta sus mínimos detalles.
A pesar de ser hermanos Gnósticos, a pesar de que
conocemos el Camino, y debido a que transmutamos nuestra energía - nuestros
Yoes están bien vivos, bien “gordos”, bien alimentados- aparecen las críticas y
las laceraciones por todas partes...
Pero veamos cómo el Maestro Samael sí vivía la Pudicia
Gnóstica... En una ocasión en el mes de
Diciembre de 1977, en los últimos días de su proceso y existencia física, el
Maestro Samael sentía grandes dolores a raíz del malestar que lo afectaba.
Cuando llegaban las enfermeras y le aplicaban las
inyecciones, él muy respetuosamente les decía, a pesar de su estado
físico: “Muchas gracias, señorita. Es usted muy gentil!”
Y cuando él sentía terribles dolores y necesitaba que
le pusieran la inyección, llamaba a la enfermera: “Señorita, ya es hora de la
inyección. Le pido el favor que usted me
la aplique, si usted así lo quiere”.
Las mismas enfermeras decían que jamás en la vida
habían visto un paciente con una cultura tan especial. Conocemos perfectamente que después de que
una persona haya sido sometida a la anestesia, la llevan a una Sala de
Recuperación, para que pueda expresar todas sus groserías subconcientes
libremente, todas las porquerías que cada uno de nosotros carga en su interior
y que afloran espontáneamente en esos momentos a raíz de los efectos de la
anestesia.
La anestesia abre los 49 niveles del subconciente y
aflora entonces toda la miseria humana que existe en el interior de cada uno de
nosotros los pseudo - humanos (los humanos).
Pero cuando el Maestro Samael, después de la operación
a que fuera sometido el 9 de Diciembre, fue llevado a la sala de recuperación
como cualquier otra persona, fue grande el asombro de enfermeras y médicos, al
no escuchar ni una sola palabra grosera, ni un sólo término de violencia,
ninguna actitud indolente o vulgar...
Al contrario: los doctores y enfermeras que lo
vigilaban fueron testigos de un equilibrio y una demostración de control de sí
mismo extraordinario...
Y el otro ejemplo que ilustra algo que nosotros
también debemos poner en práctica, es decir la Pudicia Gnóstica, la dolencia y
la honestidad consigo mismo y con los demás, es el siguiente....
De noche, cuando se encontraba enfermo el Maestro
Samael, al no tener un sueño regular, se despertaba muchas veces. Pero él le ponía una nota de humor a su
sufrimiento, y el día que lo iban a operar, nos comentaba que el doctor le
había “mordido” el hígado.
Entonces al oírlo hablar así, soltamos la risa, pero
inmediatamente nos dijo el Maestro:
De qué se ríen?
No ven que los hombres jamás se ríen?
Un hombre jamás se ríe, como tampoco llora jamás, porque perdería su
energía! Tanto el llanto como la risa
demuestra desequilibrio en el ser humano.
Uno jamás debe soltar la carcajada por respeto a nuestros
semejantes. No debemos reírnos en estos
instantes porque hay otros enfermos a nuestro derredor....”
Vemos que el Maestro, a pesar de su situación
dolorosa, tenía control de sí mismo y también mostraba respeto hacia los
demás. Lo hacía con su comportamiento
grato, en vez de hacer sufrir a los demás con su dolor o con sus quejidos y
quejas... Por el contrario, no andaba con canciones psicológicas,
diciendo: “Me duele! Me duele!”, sino que lo tomaba todo de manera
optimista.
Cuando llegábamos por la mañana donde el Maestro y le
preguntábamos cómo había amanecido, ponía una tónica alegre a su situación
difícil, contestando con el refrán de una canción entonces en boga en la Ciudad
de México:
“En la misma ciudad y con la misma gente....”
Así era como el Maestro expresaba el respeto por los
demás, la pudicia Gnóstica. No permitía
que los demás sufrieran con su dolor....
En otra ocasión en que le estaba aplicando el suero y
las inyecciones, en vez de ponerse a gritar o a blasfemar, comenzaba a cantar
un refrán:
“Ay mamá, ay eeeeeee
Todos los negros tomamos café....”
Para todo el mundo tenía respeto y cumplía lo que nos
enseñó en la Psicología Revolucionaria.
Hay que comprender y acabar con la charla psicológica, con la canción
psicológica. “Ay que me duele, ay que
todo el mundo debe tener piedad conmigo, etc.”
Hay que saber practicar la honestidad y el respeto consigo mismo y con
los demás.....
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