sábado, 28 de septiembre de 2013

CAPITULO XXIII LA PUDICIA GNOSTICA



CAPITULO XXIII

LA PUDICIA GNOSTICA


¿Qué es lo que el Maestro Samael describe como la “Pudicia Gnóstica”?  La PUDICIA GNOSTICA es el “Arte de ser honestos y decentes consigo mismo y con los demás”.

Ay.... Ay... Ay....!  Esto si que está difícil!   La mayoría de nosotros, empezando por uno mismo, ¿seremos respetuosos consigo mismo?  La realidad es que no lo somos!

Diariamente nosotros mismos nos encargamos de lacerarnos a sí mismos!  Diariamente nos encargamos de afectar a nuestros semejantes!  Es una falta de respeto terrible la que existe, irrespeto... Criticamos a todo el mundo, hasta sus mínimos detalles.

A pesar de ser hermanos Gnósticos, a pesar de que conocemos el Camino, y debido a que transmutamos nuestra energía - nuestros Yoes están bien vivos, bien “gordos”, bien alimentados- aparecen las críticas y las laceraciones por todas partes...

Pero veamos cómo el Maestro Samael sí vivía la Pudicia Gnóstica...  En una ocasión en el mes de Diciembre de 1977, en los últimos días de su proceso y existencia física, el Maestro Samael sentía grandes dolores a raíz del malestar que lo afectaba.

Cuando llegaban las enfermeras y le aplicaban las inyecciones, él muy respetuosamente les decía, a pesar de su estado físico:  “Muchas gracias, señorita.  Es usted muy gentil!”

Y cuando él sentía terribles dolores y necesitaba que le pusieran la inyección, llamaba a la enfermera: “Señorita, ya es hora de la inyección.  Le pido el favor que usted me la aplique, si usted así lo quiere”.

Las mismas enfermeras decían que jamás en la vida habían visto un paciente con una cultura tan especial.  Conocemos perfectamente que después de que una persona haya sido sometida a la anestesia, la llevan a una Sala de Recuperación, para que pueda expresar todas sus groserías subconcientes libremente, todas las porquerías que cada uno de nosotros carga en su interior y que afloran espontáneamente en esos momentos a raíz de los efectos de la anestesia.

La anestesia abre los 49 niveles del subconciente y aflora entonces toda la miseria humana que existe en el interior de cada uno de nosotros los pseudo - humanos (los humanos).

Pero cuando el Maestro Samael, después de la operación a que fuera sometido el 9 de Diciembre, fue llevado a la sala de recuperación como cualquier otra persona, fue grande el asombro de enfermeras y médicos, al no escuchar ni una sola palabra grosera, ni un sólo término de violencia, ninguna actitud indolente o vulgar...

Al contrario: los doctores y enfermeras que lo vigilaban fueron testigos de un equilibrio y una demostración de control de sí mismo extraordinario...

Y el otro ejemplo que ilustra algo que nosotros también debemos poner en práctica, es decir la Pudicia Gnóstica, la dolencia y la honestidad consigo mismo y con los demás, es el siguiente....

De noche, cuando se encontraba enfermo el Maestro Samael, al no tener un sueño regular, se despertaba muchas veces.  Pero él le ponía una nota de humor a su sufrimiento, y el día que lo iban a operar, nos comentaba que el doctor le había “mordido” el hígado.

Entonces al oírlo hablar así, soltamos la risa, pero inmediatamente nos dijo el Maestro:

De qué se ríen?  No ven que los hombres jamás se ríen?  Un hombre jamás se ríe, como tampoco llora jamás, porque perdería su energía!  Tanto el llanto como la risa demuestra desequilibrio en el ser humano.  Uno jamás debe soltar la carcajada por respeto a nuestros semejantes.  No debemos reírnos en estos instantes porque hay otros enfermos a nuestro derredor....”

Vemos que el Maestro, a pesar de su situación dolorosa, tenía control de sí mismo y también mostraba respeto hacia los demás.  Lo hacía con su comportamiento grato, en vez de hacer sufrir a los demás con su dolor o con sus quejidos y quejas... Por el contrario, no andaba con canciones psicológicas, diciendo:  “Me duele!  Me duele!”, sino que lo tomaba todo de manera optimista.

Cuando llegábamos por la mañana donde el Maestro y le preguntábamos cómo había amanecido, ponía una tónica alegre a su situación difícil, contestando con el refrán de una canción entonces en boga en la Ciudad de México:

“En la misma ciudad y con la misma gente....”

Así era como el Maestro expresaba el respeto por los demás, la pudicia Gnóstica.  No permitía que los demás sufrieran con su dolor....

En otra ocasión en que le estaba aplicando el suero y las inyecciones, en vez de ponerse a gritar o a blasfemar, comenzaba a cantar un refrán:

“Ay mamá, ay eeeeeee

Todos los negros tomamos café....”

Para todo el mundo tenía respeto y cumplía lo que nos enseñó en la Psicología Revolucionaria.  Hay que comprender y acabar con la charla psicológica, con la canción psicológica.  “Ay que me duele, ay que todo el mundo debe tener piedad conmigo, etc.”  Hay que saber practicar la honestidad y el respeto consigo mismo y con los demás.....
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